Yo he visto la calidad del amor de mi madre
hacia mí y mis hermanos. Más adelante, he tenido
la dicha de observar con detalle el cariño de mi mujer
hacia nuestro hijo. Su delicadeza y ternura hacia él cuando
era un recién nacido, son experiencias que no olvidaré jamás.
Pues bien, el Dios Yahvé, el Dios
de Jesucristo, se atreve a comparar Su amor hacia el hombre
con el amor de una madre por su hijo lactante. Y apunta: aunque ésas
llegasen a olvidar, Yo no te olvido.
Puedo decir es verdad. Lo he experimentado
tantas veces… Dios no me olvida y nunca dejará de
ayudarme y amarme. Quien quiera experimentar este delicadísimo
cariño de Dios solamente ha de hacer una cosa. Pedirlo
sinceramente. |