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Eduardo Ortiz
Decano de la Facultad de Sociología y Ciencias Humanas
Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
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  En la experiencia del buen amor en familia descubrimos la manera como Dios nos ama. Dios mismo puso esas señales en la familia.
 

¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.

(Isaías 49, 15)
 
Comentario

Yo he visto la calidad del amor de mi madre hacia mí y mis hermanos. Más adelante, he tenido la dicha de observar con detalle el cariño de mi mujer hacia nuestro hijo. Su delicadeza y ternura hacia él cuando era un recién nacido, son experiencias que no olvidaré jamás.

Pues bien, el Dios Yahvé, el Dios de Jesucristo, se atreve a comparar Su amor hacia el hombre con el amor de una madre por su hijo lactante. Y apunta: aunque ésas llegasen a olvidar, Yo no te olvido.

Puedo decir es verdad. Lo he experimentado tantas veces… Dios no me olvida y nunca dejará de ayudarme y amarme. Quien quiera experimentar este delicadísimo cariño de Dios solamente ha de hacer una cosa. Pedirlo sinceramente.

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