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Dr. Pablo Vidal González
Profesor de Etnología Regional. Universidad Católica de Valencia.
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Para cambiar el mundo, bastaría con que cada familia fuera lo que debe ser.

“Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo « piadoso » y cumplir con mis « deberes religiosos », se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una relación « correcta », pero sin amor. Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama (…) Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento”.

(Benedicto XVI en Carta Encíclica Deus charitas est. nº 18.)
 
Comentario

Son numerosas los Organismos Internacionales y las ONG que trabajan con las personas más desfavorecidas, especialmente en los países en vías de desarrollo. En mis numerosos viajes por apartadas zonas rurales del África Subsahariana he podido descubrir, en multitud de ocasiones, que en los lugares más remotos, escondidos e incómodos, encontramos un dispensario sanitario o una escuela llevada por unas monjas, o un centro de formación profesional junto a una misión católica. Es en estos lugares donde, lejos del ruido de los medios de comunicación, muchos cristianos ponen en práctica este precepto del amor.

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