“Si en
mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver
siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir
reconocer en él la imagen divina. Por el contrario,
si en mi vida omito del todo la atención al otro,
queriendo ser sólo « piadoso » y cumplir
con mis « deberes religiosos », se marchita
también la relación con Dios. Será únicamente
una relación « correcta », pero sin amor.
Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo,
para manifestarle amor, me hace sensible también ante
Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis
ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me
ama (…) Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables,
son un único mandamiento”. |