Te recuerdo bien –hijo mío- en aquella primera
ecografía como un astronauta pequeño. La sorpresa
nos conmovió de arriba abajo, con las heridas del primer
parto aún vivas en el cuerpo de tu madre. ¿Quién
te pensó, quién te veía mientras tanto?
Te colaste, bribón, y no puedo imaginar cómo sería
el mundo si no lo hubieras hecho. Eso de que el deseo debe preceder
siempre a la maternidad es una idea bienintencionada, pero ciega.
Nosotros lo sabemos. |