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José Vicente Bonet
Profesor de la Universidad Católica de Valencia

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¡Qué gran maestro es un hijo, con sólo existir ya enseña a sus padres a amar!

“Mi embrión tus ojos lo veían” (Salmo 139)

“(…) es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: ¡jamás podrá ser considerado un agresor y menos aún, un agresor injusto! Es débil, inerme (…) Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno”.

(Juan Pablo II, en Carta Encíclica Evangelium vitae, nº 58)
 
Comentario

Te recuerdo bien –hijo mío- en aquella primera ecografía como un astronauta pequeño. La sorpresa nos conmovió de arriba abajo, con las heridas del primer parto aún vivas en el cuerpo de tu madre. ¿Quién te pensó, quién te veía mientras tanto? Te colaste, bribón, y no puedo imaginar cómo sería el mundo si no lo hubieras hecho. Eso de que el deseo debe preceder siempre a la maternidad es una idea bienintencionada, pero ciega. Nosotros lo sabemos.

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