El hombre es digno antes que bello, rentable o apetecible,
ya que la dignidad de una persona humana es connatural a su mismo
ser, y su mismo ser es lo que significa su propia intimidad personal,
su misma existencia.
El derecho a la intimidad es inalienable. Por tanto, la curiosidad
que va más allá de la caridad y del interés
por los demás no es buena ni beneficia a nadie.
Tratar de mostrar la propia intimidad indica falta de pudor, que
sería tanto como abrir una puerta de lo más sagrado
de nosotros mismos al chismorreo o a la maledicencia. Para educar
la virtud del pudor, se deben promover unos hábitos relacionados
con el respeto a la propia intimidad y a la intimidad de los demás. |