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Lluis Ramon.
Universidad Católica de Valencia

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La intimidad de la persona no se puede comercializar ni convertir en un producto para la exhibición pública … sin alto riesgo de que esa persona corrompa su interior.

“El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia; inspira la elección de la vestimenta. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción.”

(Catecismo de la Iglesia Católica, 2522)
 
Comentario

El hombre es digno antes que bello, rentable o apetecible, ya que la dignidad de una persona humana es connatural a su mismo ser, y su mismo ser es lo que significa su propia intimidad personal, su misma existencia.
El derecho a la intimidad es inalienable. Por tanto, la curiosidad que va más allá de la caridad y del interés por los demás no es buena ni beneficia a nadie.
Tratar de mostrar la propia intimidad indica falta de pudor, que sería tanto como abrir una puerta de lo más sagrado de nosotros mismos al chismorreo o a la maledicencia. Para educar la virtud del pudor, se deben promover unos hábitos relacionados con el respeto a la propia intimidad y a la intimidad de los demás.

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