El anhelo de amar y de sentirse amados
está en lo más
hondo de nuestro corazón. Pero hay personas que sólo
han podido experimentar un mínimo de amor.
En mis encuentros con quienes han salido de la cárcel y/o
con sus familiares hay historias de abandono paterno y/o materno,
violencia, abusos, uniones sucesivas, faltas de compromiso, promiscuidad,
droga, alcohol…, unido en muchos casos a una situación
de extrema pobreza y falta de educación básica.
Ante esta realidad, ¿por qué no ponemos más
medios para que se promuevan políticas eficaces que fortalezcan
a la familia, que es el ámbito más cercano a cada
uno, es decir, ámbito del que tenemos más necesidad,
aquél que nadie puede sustituir en sus funciones?
Si invertimos en la familia, tendremos una sociedad más
sana. |