“No es verdad que el
incremento de seres humanos sea la causa de la pobreza
y la miseria. Sabemos que ellas son producto de la injusticia
reinante. Esta es la que produce mayor enriquecimiento
de los ricos y más empobrecimiento de los pobres.
Nunca antes hubo mayor contraste entre riqueza y pobreza.
Dentro de este contexto, la víctima principal es
la familia. Para los niños, invitados al banquete
de la vida, la mayor pobreza es carecer de una familia
en la que sean acogidos, amados y educados. La pobreza
se agrava sin la familia, y empeora notablemente al no
poder tener una familia con una mínima dignidad.
La voracidad del poder económico puede llegar a
destruir otro elemento esencial de la vida, el equilibrio
ecológico de la creación”.
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