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Prof. Nicolás Sánchez García
Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
Pontificio Instituto Juan Pablo II, sección española.

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¿No es cínico y perverso decir que los niños son el enemigo número uno de la humanidad? Los hijos no son la causa de la pobreza y la miseria del mundo.

“No es verdad que el incremento de seres humanos sea la causa de la pobreza y la miseria. Sabemos que ellas son producto de la injusticia reinante. Esta es la que produce mayor enriquecimiento de los ricos y más empobrecimiento de los pobres. Nunca antes hubo mayor contraste entre riqueza y pobreza. Dentro de este contexto, la víctima principal es la familia. Para los niños, invitados al banquete de la vida, la mayor pobreza es carecer de una familia en la que sean acogidos, amados y educados. La pobreza se agrava sin la familia, y empeora notablemente al no poder tener una familia con una mínima dignidad. La voracidad del poder económico puede llegar a destruir otro elemento esencial de la vida, el equilibrio ecológico de la creación”.

Declaración de Santo Domingo del Consejo Pontificio para la Familia, Comisión Pontificia para América Latina y Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), 12-X-2002.

 
Comentario

Hay que decir “basta” a tantas mentiras que nos cuentan sobre los males de la explosión demográfica. La pobreza en el mundo viene de la falta de voluntad de los países ricos de compartir y apostar por una equitativa distribución de los recursos, más allá de campañas mediáticas que sólo buscan maquillar la situación de un primer mundo que vive exclusivamente para sí mismo. En este sentido, la familia es el último dique de contención que tienen los hombres y las mujeres del tercer mundo frente a una pobreza extrema. En la medida en que destruyamos a la familia, estaremos condenando a una parte importante de la humanidad a la miseria más absoluta.

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