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José María Pardo Sáenz
Sacerdote y Profesor de Teología
Universidad de Navarra

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El domingo es descansar en familia. Cada uno de los amores familiares pide su propio espacio y tiempo. Dárselos..., es abrirle a cada amor y a toda tu familia la oportunidad de ser y vivir lo que es.


“Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro. Las mismas bellezas de la naturaleza —deterioradas muchas veces por una lógica de dominio que se vuelve contra el hombre— pueden ser descubiertas y gustadas profundamente”.

Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini,
sobre la santificación del domingo, 31 mayo 1998, n. 67.
 
Comentario

Para muchas personas el fin de semana es el único momento para estar con la familia. Ordinarios acontecimientos como el comer juntos entorno a una mesa, tener un rato de sobremesa sin la televisión encendida, rezar el rosario padres e hijos por los pasillos de la casa, disfrutar de una buena película en el cine, irse de excursión el domingo por la mañana después de oír la Santa Misa juntos, son formas de descansar rebosantes de humanidad y trascendencia.

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