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Javier Escrivá Ivars
Instituto de Ciencias para la Familia
Universidad de Navarra

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Todo matrimonio verdadero –también el tuyo- contiene la historia de una unión de amor posible y única. En lo más íntimo de esa historia late una particular llamada de Dios a ambos esposos. Es una oferta de compañía, luz y fuerza para adentrarse más y más en la unión conyugal, para conservarla, hacerla crecer o restaurarla de sus desgastes. Es una llamada para escribir juntos una historia de amor tan singular como excelente en medio de cualquier circunstancia favorable o adversa. Lo más hermoso de esta vocación Dios es que su voz se dirige a la unión conyugal, al nosotros que ambos son, además de a cada uno. Es una extraordinaria experiencia de amor matrimonial, el escucharla y compartirla juntos.

 

“Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad”

Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, , 22 noviembre 1981, n 34


Comentario

La llamada o vocación es un don de Dios, un carisma, que los casados reciben al contraer matrimonio y sellado por la índole sacramental de su unión. A la llamada debe seguir la respuesta de cada uno de los cónyuges.

Para responder es preciso conocer que la llamada existe. Por eso es tan importante que los casados sepan descubrir el sentido vocacional de su vida. Responder es empeñarse en vivir el matrimonio con sentido cristiano y sobrenatural. Responder a la llamada es vivir a la luz de la fe, de la esperanza y de la caridad.

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