Al año de haberse casado, mis padres se vieron separados
a causa de la guerra. Por un lado, mi padre se encontró en
tierra extraña donde tuvo que luchar por sobrevivir. Por
el otro, estaba mi madre, conmigo, recién nacida, viviendo
bajo un férreo régimen comunista. Mis padres estuvieron
separados durante doce años. A lo largo de ese tiempo,
su fidelidad -del uno por el otro y de ambos a Dios- nunca se
tambaleó. De hecho, su fe fue la roca sobre la que se
cimentó toda su vida, les ayudó a sobrellevar innumerables
dificultades y les posibilitó reemprender su vida juntos
una vez que se volvieron a encontrar. Tras ese reencuentro, nacieron
mis cuatro hermanos.
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