En esta sociedad, cada vez más competitiva, ponemos
nuestro máximo empeño en prepararnos adecuadamente
para conseguir un buen trabajo, mediante la realización
de estudios, masters, etc. Una vez conseguido, no nos descuidamos,
seguimos formándonos para promocionarnos dentro de nuestra
profesión, para intentar ser los mejores.
Si este mismo esfuerzo, tiempo y dedicación, lo invertimos
en prepararnos para el matrimonio y la educación integral
de nuestros hijos; y, una vez celebrado, nos comprometemos a cultivarlo
día a día; estoy segura que nuestro cónyuge
y nuestros hijos, nuestra familia, que es lo realmente importante
en nuestra vida, pues implica todo nuestro ser, lo agradecerán.
Es más, estoy convencida que las dificultades y fracasos
en el matrimonio disminuirán; aumentará la calidad
de nuestro matrimonio y de nuestra familia y, en consecuencia,
de nuestra sociedad. |