Sólo desde esa perspectiva se puede entender la siguiente
parábola: Después del viaje de bodas se incorporaron
a su trabajo. El primer día ella llegó antes y
esperaba ansiosa la llegada de él. Por fin llegó también
con ganas de encontrarla. Llamó a la puerta y la voz de
ella se escuchó melodiosa: “¿quién
es?”. “Soy yo, tu marido, abre la puerta, amada esposa”. “¿Quién
es?” Volvió a repetir la voz de la esposa. “Soy
yo, Antonio, tu marido, abre, querida”. Por tercera vez
se oyó la misma pregunta, “¿Quién
es?” Antonio quedó perplejo, se miró a la
mano y, al ver su anillo, comprendió enseguida. “Soy
tú”. Entonces se abrió la puerta.
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