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Ángel Sánchez Palencia
Director Departamento Formación Humanística
Universidad Francisco de Vitoria

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No te dejes comer el coco. La Iglesia católica no está contra el sexo y el amor. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que está a favor de un amor sexual verdadero, sano, fuerte y fecundo de frutos. Está a favor de un amor sexual donde brille lo mejor de nuestro ser humanidad… No lo más banal, falso o peor. Y, probablemente, te gustaría mucho que alguien te amase con la profundidad, la fidelidad, la sincera, completa y transparente entrega del amor sexual que defiende la Iglesia.

 

“En el Sermón de la Montaña, refiriéndose al sexto mandamiento, Cristo proclama: ‘Habéis oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón’ (Mt 5,27-28). (…) ¿Por qué Cristo, en el Sermón de la Montaña, habla de manera tan fuerte y exigente? La respuesta es muy clara: Cristo quiere garantizar la santidad del matrimonio y de la familia, quiere defender la plena verdad sobre la persona humana y su dignidad.”

Juan Pablo II, Carta Gratissimam Sane, a las familias, 2 febrero 1994, n. 20


Comentario

El mensaje de Cristo es muy exigente y choca radicalmente con el hedonismo de la sociedad actual. Está en las antípodas del “pensamiento débil” tan en boga hoy en día. El cristianismo es el pensamiento fuerte por antonomasia, y por eso choca y escandaliza: porque anuncia una verdad objetiva, eterna y universal, válida para siempre y para todos los hombres. Cristo no habla sólo para sus contemporáneos sino que habla para los hombres de todos los tiempos.  ¿Se pueden rebajar las exigencias que plantea Cristo, en vista de la debilidad del hombre y la mujer de hoy? No, no se puede. Sólo desde la verdad de Cristo se puede vivir una vida plena, auténticamente humana, y un matrimonio santo y feliz.

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