Comentario anterior Siguiente comentario

María José Redondo Andrés
Universidad de Valencia

Imprimir comentario listado de comentarios
Imprimir comentario imprimir
 
 

 

¿No es perverso e inhumano adular a los fuertes y maltratar a los débiles? Es lamentable que algunos gobiernos, en vez de potenciar ayudas a las familias en las que conviven personas de edad avanzada, apoyen conductas como la eutanasia. Es una vergüenza humana estimar el valor de la vida de nuestros ancianos por su “utilidad”, extendiendo el mensaje –que también llega a los mayores- de que su vida es una carga insoportable y sin sentido. 

 

 “ (…) Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia.
También, desde esta perspectiva, por tanto, además de la evidente exigencia psicológica del anciano mismo, el lugar más natural para vivir la condición de ancianidad es el ambiente en el que él se “siente” en casa., entre parientes, conocidos y amigos, y donde puede realizar todavía algún servicio”.

Juan Pablo II, Carta Settant´anni, a los Ancianos, 1 de octubre de 1999, n. 13.


Comentario

La familia representa el marco ideal en el cual debe quedar integrado el anciano. Él es el principio del diálogo entre las generaciones que se van sucediendo. Sus experiencias humanas y espirituales, su madurez, serenidad… enriquecen el ámbito familiar. Todos conocemos la bondad de las relaciones entre los abuelos y los nietos. Por otra parte, la enfermedad que en ocasiones les acompaña, su deterioro físico o mental o, incluso, la misma soledad, les aproxima más a Cristo, porque comparten con Él el sufrimiento. En este sentido, quisiera recordar de manera especial a Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en sus últimos años de vida, como ejemplo de abandono confiado en la misericordia de Dios.

Logotipo del Programa Magister