La familia representa el marco ideal
en el cual debe quedar integrado el anciano. Él es el principio del diálogo
entre las generaciones que se van sucediendo. Sus experiencias
humanas y espirituales, su madurez, serenidad… enriquecen
el ámbito familiar. Todos conocemos la bondad de las relaciones
entre los abuelos y los nietos. Por otra parte, la enfermedad
que en ocasiones les acompaña, su deterioro físico
o mental o, incluso, la misma soledad, les aproxima más
a Cristo, porque comparten con Él el sufrimiento. En este
sentido, quisiera recordar de manera especial a Su Santidad el
Papa Juan Pablo II, en sus últimos años de vida,
como ejemplo de abandono confiado en la misericordia de Dios. |