«Los peligros que incumben
sobre el amor constituyen una amenaza a la civilización
del amor, porque favorecen lo que es capaz de contrastarlo
eficazmente. Piénsese ante todo en el egoísmo,
no sólo a nivel individual, sino también de la
pareja o, en un ámbito aún más vasto,
en el egoísmo social, por ejemplo, de clase o de nación
(nacionalismo). El egoísmo, en cualquiera de sus formas,
se opone directa y radicalmente a la civilización del
amor. […] El himno a la caridad de la primera Carta
a los Corintios es como la carta magna de la civilización
del amor. En él no se trata tanto de manifestaciones
individuales, cuanto de la aceptación radical del concepto
de hombre como persona que “se encuentra plenamente” mediante
la entrega sincera de sí mismo. Una entrega es, obviamente, “para
los demás”: ésta es la dimensión
más importante de la civilización del amor». |
Juan Pablo II,
Carta Gratissimam Sane, a las Familias, 2 de febrero
de 1994, n. 1 |