|
Forman parte del amor humano, además de los días de sol y rosas, las lluvias, incluso tempestades, los desiertos y las noches. En el saber caminar juntos todos los paisajes y climas del amor, sobre todo en soportar sus crisis y sufrimientos, hay una especial puerta a una dimensión nueva, más verdadera y profunda, de la unión conyugal. Es la puerta de la madurez del amor conyugal. Cristo, mediante sus especiales gracias en el matrimonio sacramental, es el cómplice íntimo, el fiel aliado, la omnipotente compañía de cada historia conyugal. También de la tuya.
|