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José Antonio Verdejo Delgado
Secretario General
Universidad Francisco de Vitoria

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Forman parte del amor humano, además de los días de sol y rosas, las lluvias, incluso tempestades, los desiertos y las noches. En el saber caminar juntos todos los paisajes y climas del amor, sobre todo en soportar sus crisis y sufrimientos, hay una especial puerta a una dimensión nueva, más verdadera y profunda, de la unión conyugal. Es la puerta de la madurez del amor conyugal. Cristo, mediante sus especiales gracias en el matrimonio sacramental, es el cómplice íntimo, el fiel aliado, la omnipotente compañía de cada historia conyugal. También de la tuya.

 

“El Buen Pastor está con nosotros en todas partes. Igual que estaba en Caná de Galilea, como Esposo entre los esposos que se entregaban recíprocamente para toda la vida, el Buen Pastor está hoy con vosotros como motivo de esperanza, fuerza de los corazones, fuente de entusiasmo siempre nuevo y signo de la victoria de la “civilización del amor”. Jesús, el Buen Pastor, nos repite: No tengáis miedo. Yo estoy con vosotros. “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt, 28,20).”

Juan Pablo II, Cartas Gratissimam sane, a las Familias, 2 de febrero de 1994., n. 18


Comentario

A veces parece que las exigencias propias del matrimonio son imposibles, que el amor “hasta el extremo” que nos pide Jesús no está a nuestro alcance. Sin embargo, el Señor no nos pide nada que no podamos dar. Exige mucho, es cierto. Pero nos ayuda a superar todas las dificultades y obstáculos del camino. En el corazón de un cristiano no puede haber lugar para la apatía, ni para la cobardía, ni para el pesimismo. Porque Cristo está con nosotros. Cuando el ser humano se deja ayudar, Cristo envía todo el auxilio necesario por medio de su Espíritu. Por eso Juan Pablo II se dirigía a los esposos cristianos con estas palabras: “¡No tengáis miedo de los riesgos! ¡La fuerza divina es mucho más potente que vuestras dificultades!

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