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Fernando Canal
Profesor de Comunicación
Universidad Francisco de Vitoria

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El regalo de boda de la Virgen María a todos los matrimonios, desde Caná de Galilea, es su Hijo. Es el regalo nupcial de Cristo como inquebrantable y fiel aliado de la unión, como poderoso transformador en vino nuevo y amor divino de los defectos, cansancios y límites del amor humano. Prueba con tus tinajas. Recuerda -haya sol o tormenta, día o noche en tu unión conyugal- que la Virgen María es la gran intercesora, la Reina de las familias, la Madre –también tuya- a quien Cristo no sabe negarle nada.

 

“Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos”

Catecismo de la Iglesia Católica, 2ª parte, 2ª sección, artículo 7-IV, párrafo 1642


Comentario

En los pasajes narrados por los Evangelios, Cristo se va encontrando con numerosas y diferentes personas de todas las edades, profesiones y estamentos sociales de su época. Cuando este encuentro es correspondido, se produce una transformación profunda en cada persona: la salud recobrada, una vocación descubierta, un nuevo estilo de vida. Algunos reducen la consideración del matrimonio a un simple contrato, a una convivencia, a una costumbre tradicional, a una convención social. ¿No cambiaría su concepto, y quizás su vida también, si los cristianos supiéramos ver y asumir el matrimonio como encuentro con Cristo-sacramento y, por tanto, como la llamada a un nuevo estilo de vida?

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